Actualidad · 30 may 2026, 2:53 p. m.

Francisco Cerúndolo no controló sus demonios, perdió ante Svajda y quedó eliminado de Roland Garros

El argentino volvió a sufrir con su propio temperamento, echó a su entrenador en mitad del partido y cayó en cinco sets en la tercera ronda del Abierto de París

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Cuando el público celebra un punto, cuando el público se calla; en ambos escenarios, fue recurrente escuchar una queja en castellano. Era Francisco Cerúndolo, que tuvo un partido de los mil demonios en París: su temperamento volvió a jugarle en contra, como en varios de los principales capítulos de su muy buena carrera. Y lo pagó caro: quedó eliminado de Roland Garros a manos del estadounidense Zachary Svajda, 85° del ranking y que apenas había jugado diez partidos de main draw este año antes de llegar a París, donde por primera vez jugaba en el cuadro principal. Fue 6-3, 6-4, 3-6, 4-6 y 6-3, en un match que el argentino, 26° del mundo, padeció de principio a fin.

Se habían enfrentado en dos ocasiones con un triunfo para cada uno. Cerúndolo le había ganado en el US Open 2023 y Svajda se había impuesto en el torneo de Winston-Salem de 2024. El estadounidense no tenía el polvo de ladrillo como una superficie favorita. De hecho, antes de Roland Garros, su récord en el clay era de 2-6 en Challengers y de 1-2 en cuadros principales de torneos de ATP.

“Sos horrible, boludo”, retumbó en la cancha 14. Cerúndolo lucía perdido y enojado. Svajda le quebró el saque para ponerse 2-1 arriba en el tercer set y en carrera para llevarse el partido. En ese momento, Pablo Cuevas, entrenador de Cerúndolo, emprendió la retirada del court, haciendo caso a lo que le había pedido su pupilo minutos antes: que se fuera. El cuadro de situación, entre lo absurdo y lo dramático, tenía un antecedente: en febrero de 2025, durante el Río Open. Claro que en aquella oportunidad la decisión la tomó el entrenador. “Pablo me dijo que luche, le respondí que no podía, no le habrá gustado y se fue”, dijo entonces Cerúndolo.

Esta vez, fue el propio tenista el que pidió que se fuera, desorientado, acorralado mentalmente cuando veía que todo se derrumbaba. Una vez que Cuevas se fue, pareció soltarse y encontró una luz para salir de la oscuridad. Remontó el partido con dos sets que vieron destellos de su jerarquía y llevó el desarrollo al quinto set.

Parecía que había podido dominarse. Sin embargo, todo se desplomó no bien iniciado ese set definitorio. Sin Cuevas, sólo quedaban para respaldo técnico-anímico su preparador físico, Esteban García, y su mamá, María Luz (su otro entrenador, Nicolás Pastor, no viajó a París y es una incógnita si seguirá con él). “No me mientan más”, “convénzanme”, “hoy no voy a ganar”, fue parte del recitado de furia de Cerúndolo hacia esas dos personas. Y el descalabro se tradujo en el marcador. Le quebraron su primer servicio, recuperó la ventaja con un drop exquisito, pero volvió a perder el saque a continuación. De allí hasta el final, todo pareció resignación y sufrimiento.

Habrá que ver qué consecuencias tendrá esta eliminación. Está claro que los problemas de temperamento no pueden ser superados y este nuevo choque con la cabeza de su equipo de trabajo puede ser crucial en su futuro inmediato.

Svajda, de 23 años, apuntó hacia el cielo. Un guiño hacia su papá, que falleció en octubre pasado, víctima de un cáncer. Al alcanzar los octavos de final, Svajda se aseguró la mejor clasificación de su carrera (sube 26 puestos, hasta el 59° en el ranking en vivo) y cruzarse con el cabeza de serie N.º 10, el italiano Flavio Cobolli, que eliminó a Learner Tien por 6-2, 6-2 y 6-3.

Fue el batacazo del que se habla por estas horas en París.

Mixer FM

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