Actualidad · 2 jun 2026, 3:54 p. m.

Gustavo Fernández, tenista: “Toqué fondo y pude salir”

El campeón estrella de la modalidad adaptada asegura que no hay que tener miedo a pedir ayuda

Compartir

La vida de Gustavo Fernández cambió cuando, con un año y medio, le diagnosticaron un infarto medular, que lo dejó con una parálisis de la cintura para abajo. Pero en el seno de una familia de deportistas –hijo de Gustavo “el Lobo” Fernández, gloria del básquet nacional–, la palabra límite nunca formó parte del vocabulario. Sus padres buscaron respuestas en centros de vanguardia en Estados Unidos, pero sobre todo, le dieron la libertad de soñar en grande.

“Mi papá jugaba al básquet profesionalmente, mi hermano se convirtió en basquetbolista profesional y mi pasión y deseo estuvieron siempre ligados al deporte. En mi adolescencia apareció el tenis y me sacudió por completo. Una vez que empecé a competir, me di cuenta de que era un camino sin retorno”, recuerda Gusti, como todos lo llaman.

Historias de expatriados. El Mundial de fútbol es el momento en el que más argentinos extrañan vivir en el país

El cordobés nacido en Río Tercero volvió a tocar el cielo con las manos en el Abierto de Australia de 2026: se alzó con el trofeo de dobles junto al japonés Tokito Oda. Con este triunfo, alcanzó los 10 títulos de Grand Slam (5 en singles y 5 en dobles), consolidándose en el top 3 del ranking mundial. Hoy es el argentino con más títulos de Grand Slam de la historia. En septiembre de 2024, logró la medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de París.

Soñó con los logros que alcanzó: “Hay videos míos con 12 o 13 años diciendo que iba a ser número uno del mundo, que iba a ser campeón de un Grand Slam. Claro que de ahí a concretarlo había un mundo de diferencia. Pero siempre tuve mucha fe, mucha confianza en lo que podía hacer. Después fui consecuente respecto de esa confianza desmedida que me tenía y trabajé para llegar a ese lugar. Siempre me visualicé logrando cosas”.

Sin embargo, el camino no fue lineal. “Toqué fondo y pude salir”, asegura al recordar los ataques de pánico y los problemas de salud física y mental que enfrentó. Una operación de amígdalas que derivó en una hemorragia interna lo dejó en una situación crítica y lo sumergió en una crisis de ansiedad. Esa vulnerabilidad, lejos de debilitarlo, lo fortaleció. Aprendió que el bienestar integral requería tanto entrenamiento psicológico como físico, permitiéndose ser frágil para volver a ser fuerte bajo el cuidado de sus padres, Nancy y Gustavo.

“Tocar fondo no es algo que uno planifica, sino que sucede. Cuando tocás fondo, te das un bañazo absoluto de humildad. En mi caso, volví a las bases, a mi casa, un lugar donde sentirme seguro, pasar la tormenta más fuerte y conseguir ayuda, porque el proceso de sanación lo tenés que transitar vos, pero no solo. A mí me ayudó mucho mi familia, mis amigos, mi mujer, quienes fueron mi fuerza más grande. Fue empezar de cero en una etapa nueva de la vida, porque todo lo que tiene que ver con salud mental es algo que no te abandona nunca más, es algo que va a estar presente siempre, y con lo que hay que tener mucho cuidado y respeto. No miedo, pero sí tomar los recaudos necesarios para no volver a esa situación”, reflexiona.

En triple turno

Respecto de su preparación, Gustavo cuenta que entrena en triple turno, combinando el trabajo técnico con una rutina de gimnasio enfocada en la potencia de hombros y el control del tronco. Su dieta y su descanso están monitoreados con la precisión de un atleta de élite; sabe que, en el tenis adaptado, la silla es una extensión de su cuerpo y su capacidad cardiovascular debe ser superior para moverla con la agilidad que su juego agresivo requiere.

“Entreno como cualquier deportista profesional que trata de estar en la élite, así que le dedico casi todo mi tiempo, mi energía y mi pensamiento a estar bien físicamente. Hago todo lo necesario para que mi cuerpo esté a disposición de llevarlo al límite cuando lo necesite”, explica.

Detrás del atleta existe un hombre profundamente apegado a sus raíces. “Mi núcleo familiar es lo más importante que tengo en mi vida, de donde aprendí prácticamente todo. Descubrí mi pasión a través de la pasión de mi papá, entonces tenemos muchas cosas en común. La temática de la familia siempre fue el deporte, por elección, y vivimos, sentimos y experimentamos a través del deporte”, asegura.

Gusti aprendió a gestionar la presión de la alta competencia. Su capacidad para reinventarse tras las lesiones y los ataques de pánico lo ha convertido en un referente de la psicología deportiva moderna. “No se trata de ganar siempre, sino de no dejar de intentarlo con la misma intensidad”, suele decir, inspirando a miles de personas a ver en sus propios obstáculos una oportunidad de despegue.

“Creo que si uno sigue tirando para adelante, con consciencia, con ayuda y con esfuerzo, la tormenta cesa y eventualmente empieza a ver signos de claridad. El proceso lo tiene que atravesar uno, no lo puede hacer nadie por nosotros, y es duro por eso, pero a la vez es lo que hace que la sanación sea real y concreta. No hay que tener miedo a expresarse y pedir ayuda. Hay mucha más gente que pasa por ese tipo de situaciones de lo que uno cree. Uno nunca sabe la batalla que está librando el otro por dentro, entonces, ser empático, ser bondadoso, escuchar y hablar me parece algo sumamente importante”, concluye el campeón.

Mixer FM

Mixer FM