Actualidad · 4 jun 2026, 10:51 a. m.

Un domingo de carrera

Todavía está oscuro. Es un domingo bien temprano en una plaza de Buenos Aires y el pasto está mojado, es el rocío, que todo junto parece dar luz a lo que no lo tiene. El espacio...

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Todavía está oscuro. Es un domingo bien temprano en una plaza de Buenos Aires y el pasto está mojado, es el rocío, que todo junto parece dar luz a lo que no lo tiene. El espacio está helado. Y está lleno. Mujeres, hombres, jóvenes, adultos, de veintitantos, de cincuentitantos, de más también; madres, hermanas, abuelos, amigos, parejas, mascotas, entrenadores, hinchadas, profesionales. Y en el medio yo. Es domingo de carrera en la ciudad y tengo en la mano un vaso térmico con un té que me quema los labios porque mi campera no alcanza, mis borceguíes no alcanzan, mi boina no alcanza. Me vendría bien un chocolate, pero ya no hago eso. Mi novio está a mi lado, pantalón corto, remera de manga corta, remera de manga larga por debajo. Elonga las piernas, estira los brazos, hace girar su cadera. En unos minutos va a correr diez kilómetros, quiere bajar su mejor tiempo. ¿Cómo fue que llegamos hasta acá?

Esta era otra de las máximas sin justificativo que armamos en nuestros años juntos, que sabemos son completamente reprochables y que sostenemos con irreverencia porque eso es el amor. Los Redondos están inflados, lo mejor que se puede comer en la Argentina es pizza, las bermudas se dejan de usar a los 40, qué problema la gente que corre, cómo puede ser que se levanten de madrugada el fin de semana. Dejen de molestar y desayunen medialunas, odiosos. Esos éramos nosotros, hasta que un día él, no sé por qué o por supuesto que sí, se cruzó de bando y me dejó sola. Salió a correr primero un kilómetro, después un poco más, después la primera carrera de diez y acá estamos, a dos meses de la media maratón. Él, concentrado y yo, muerta de frío, podría tiritar pero me aguanto. Debería detestarlo.

Qué molesta la gente que corre. Cómo te refriegan por la cara el gusto por el deporte y la salud y el cuerpo cuidado y qué sé yo cuántas cosas más. Es domingo, ¿de verdad van a correr? Ni siquiera amaneció. Y encima están contentos. Tengo los pies congelados porque el té me quedó horrible y lo tomo de a poco y acá están todos vestidos como si hicieran 23 grados y tienen la emoción de un niño que está por conocer a su ídolo. No, acá no está Messi. ¿Por qué se ríen? ¿No les duele el bazo? A mí me pasa desde chica, cien metros y ya me empieza la puntada ahí a la izquierda, qué terrible el Test de Cooper. Los veo y no los soporto. Estoy rodeada. Aparte, ¿quién hace deporte cuando está de vacaciones? Los que corren, que se llevan el equipo de correr a donde sea porque no pueden perder el ritmo. Los que corren, que dicen “si no salgo, lo extraño”. Los que corren, que se compran zapatillas según la velocidad a la que apuntan. Los que corren, que se juntan con gente que corre para correr todos juntos. Los que corren, que cortan calles para correr. Los que corren, que corren a las 5 de la mañana para después ir a la oficina. Los que corren, que si llueve corren igual, esos deben ser los peores.

Quiero tirar el té porque está intomable pero no lo hago. Me quedo parada a media cuadra de la llegada porque lo quiero ver, lo quiero grabar. Lo odio. Lo envidio. Lo admiro. A él y a todos los que están acá. Son más de quince mil. Quién pudiera. Les encanta correr y corren. No salen un sábado a la noche porque prefieren correr, no se quedan mirando otro capítulo de la serie porque prefieren correr, no comen hasta el hartazgo porque prefieren correr, no sufren el agobio del mundo porque prefieren correr. O por eso corren. Se ponen metas y las cumplen. Tienen constancia, tienen ganas, tienen un plan, tienen pares. Son parte de algo. Y así llegan al objetivo. De a muchos. Pasaron por encima del hastío que debe significar empezar a correr, hacerlo por primera vez, lo atropellaron, lo vencieron, lo maldijeron pero siguieron igual. Seguro en algún momento algo les dolió pero no dijeron no. Debe ser adictivo. Verlos es adictivo. En unas semanas hay una nueva carrera. También será domingo. Es el único día de la semana en que duermo sin despertador. Pero lo voy a poner, a las 6, no me lo quiero perder.

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